Coronación Canónica de la Virgen del Valle
A todo el pueblo de La Palma, por su amor y entrega a su Patrona, verdadero y único hacedor de su próxima Coronación Canónica.
Esta es la historia de un pueblo, un bello pueblo de la "Tierra Llana de Huelva", un pueblo blanco de gentes nobles y sencillas, que se forjó a fuerza de glorias y calamidades; un pueblo emprendedor, centro de una de las comarcas más importantes de su provincia, que supo hacer del sudor de sus hombres, y la entrega de sus mujeres, el mejor caldo y la mejor solera. Un pueblo que siempre lleva por bandera su amor a Dios, a Jesús, su Hijo, en el misterio de la Eucaristía, y a su bendita Madre, María. Un pueblo cuyas estaciones del año se dividen por sus fiestas, donde siempre se refleja su creencia; creencia que sabe trasladar de abuelos a padres y de padres a hijos. Este amor de este pueblo a su tradición hace que donde no existan fuentes documentales, se encuentren enseñanza y tradición verbal.
Pero la historia de este pueblo siempre estuvo enlazada, anudada, a su gran amor, a su Madre; a un pequeño Templo en el que hay una Virgen desde siempre. Nos podemos hundir hacia el siglo XIV, cuando los repobladores castellanos reconquistan estas tierras fértiles del Valle del Corumbel, en un punto estratégico encuentran un torreón almohade y en él centran el eje de esta villa, que siempre fue noble hacia sus reyes y señores, y sobre todo a su fe. Y en el eje, la Madre, la pequeña imagen gótica que les acompaña, que a buen seguro les acompañó en el duro viaje desde tierras toledanas o leonesas… Santa María de Gracia Llena, Luz de este Valle, de estas personas que nos donaron su sangre, su tradición y, sobre todo, su fe y su amor a Ella.
La Palmay su Valle, su Virgen, en su Templo construido entre los siglos XIV y XV siempre con un fin: dar culto y honor a su Madre y Protectora, la Virgen del Valle. No tardaría mucho las primeras referencias documentales que nos dirigen a 1441: "que paguen de sus bienes a Santa Maria del Valle de La Palma de donna Juana, quarenta e ocho libras de Çera quél ovo prometido". 1545, fecha en que se testan últimas voluntades como mandas pías o limosnas para el mantenimiento del culto a la Virgen. Cinco de enero, "item mando que se dé a Nuestra Señora del Valle desta villa una fanega de trigo en limosna por çierta deboción mía, la qual dicha limosna se le dé según es e sea para hazeite a la lámpara con que se alumbre". 29 de enero: "y mando a la obra de la iglesia de señor san Juan desta villa en limosna por honra de los Divinos Sacramentos que es en ella, cinco maravedíes, y [a] Nuestra Señora del Valle, cinco maravedíes, y a las otras tres hermitas un maravedíe…". En julio de 1603 se establece en la villa el linaje de origen asturiano de los "Díaz Ángel", los cuales siempre demostraron una especial devoción a la Virgen del Valle; de ahí las "Fundaciones de Capellanías" en la Iglesia del Valle por parte de D. Pedro Díaz Ángel y Dña. Beatriz Hernández (año de 1653) y de D. Juan Díaz Ángel y Dña. María Ligero (año de 1685). En el siglo XVIII, sobre Doña Ana Moneva Cabrera, descendiente de los mencionados "Díaz Ángel", se hacía el siguiente testimonio: "…la particular devoción que tienen a una hermosa Señora que sirve de Patrona a dicha hermita asta aora…".
Son muchas las vicisitudes que se cruzan en la historia de La Palma, especialmente las epidemias, y siempre sus habitantes recurrían a su Protectora "Salus Infirmorum". Los primeros datos conocidos son sobre un brote de peste bubónica en 1650, donde probablemente se elevara el Voto del 15 de agosto. Posteriormente, existen noticias de nuevos brotes en 1738 y 1744; del cólera asiático en 1833-1834, que alcanzó cotas muy crueles, información perfectamente recogida en el Archivo Municipal; igual ocurre con la de 1854-1855, que actuó de forma más intensa, provocando incluso el vacío municipal y jurídico. Por este motivo, el 15 de agosto de 1855 se confirma, acordado por el Cabildo Civil de la villa y el Cabildo Eclesiástico, la Promulgación del Primer Voto de Salida de la Santísima Virgen, a la que el pueblo imploró como Divina Protectora después de realizar a su paso la erradicación milagrosa de la enfermedad.
Ya antes había irrumpido en la Historia de la localidad. En el año 1821 la Señora Doña Rosario de la Mora, mujer piadosa y devota que contrae matrimonio con D. José Díaz y Camacho (descendiente directo de los mencionados "Díaz Ángel"), se enamora de la devoción de La Palma y de su familia política. Solicita permiso al Eminentísimo Cardenal Arzobispo de Sevilla, D. Francisco Javier Cienfuegos y Jovellanos, para restaurar la imagen de la Virgen, que por aquel entonces se encontraba en mal estado; siendo el ilustre imaginero Juan de Astorga el autor hacia 1834.